13 de marzo de 2011

Existe un lugar donde las películas son de verdad. Pasan todo el rato.
Allí tienen billetes por una cantidad tan pequeña que da risa. Pasear por ese lugar relaja y da hipo a un tiempo.
Se compran cosas maravillosas, se compran porque al estar allí parece que la idea de volver supone el fin del mundo y todo se convierte en la última oportunidad de lo que sea.

Qué demonios.

Allí la comida tiene el sabor concentrado de todas las comidas del universo; eso no tiene por qué ser bueno, de hecho no puede serlo, pero sabe muy rico... rico se quiere sentir uno mientras pasea por ahí.
Y de nuevo se hace de noche en 5 minutos, y cuando vuelves a casa no recuerdas, sólo te da la extraña sensación de que una vez estuviste en un lugar donde las películas eran de verdad, pasaban todo el rato.